Vivir Bien, Envejecer Bien

Practicar actividades intelectuales y físicas, conservar buenos hábitos de higiene y someterse a un seguimiento médico regular constituyen las principales medidas que permiten mantener la salud y envejecer de mejor forma. Los procesos de envejecimiento están inscritos en nuestros genes. Es un fenómeno natural, que obedece a una ley biológica fundamental y comienza en el mismo momento en que nacemos.

 Al parecer, la especie humana está programada para vivir alrededor de 120 años. En la práctica, se cruza la frontera entre la edad adulta y la vejez cuando cumplimos los setenta años. Sin embargo, esto varía mucho en las personas, ya que depende de factores genéticos y de otro tipo, como los hábitos de higiene.

Por ejemplo, las probabilidades de una persona de llegar a una edad avanzada son muchos mayores cuando sus propios padres y abuelos han muerto muy ancianos. A pesar de estas variaciones, la esperanza de vida aumenta, sobre todo gracias a los progresos de la medicina y las mejores condiciones de vida.

Vivir más Tiempo

Entre la esperanza de vida actual en los países desarrollados (82 años para las mujeres y 74 años para los hombres) y la longevidad potencial del ser humano (120 años) hay algunas decenas de años de vida por ganar. Tanto más, por cuanto en la actualidad se cuestiona la teoría del declive inexorable de las principales funciones del organismo como consecuencia del paso de los años (ritmo cardíaco, funcionamiento cerebral, etc.).

En efecto, algunos estudios revelan que no siempre se produce disminución del rendimiento de un determinado órgano, causada por el paso de los años. Investigaciones norteamericanas demuestran que el ritmo cardíaco de personas mayores que no padecen enfermedades cardíacas no es más débil que el de adultos jóvenes. En consecuencia, la disminución del rendimiento físico constatada en las personas mayores al parecer no está ligada únicamente al envejecimiento natural, sino también a las enfermedades que lo acompañan.

¿Qué es el envejecimiento?

El envejecimiento físico afecta a todas las estructuras de nuestro cuerpo (moléculas, células, tejidos y órganos especializados). Si bien la ciencia constata fácilmente el envejecimiento físico, no ha sido capaz de explicar todos los mecanismos de este proceso biológico ni sus consecuencias.

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La vejez está marcada por la aparición, cada vez más frecuente, de enfermedades graves tales como la arterioesclerosis, los cánceres o incluso las enfermedades degenerativas. Ella va acompañada del deterioro de ciertas funciones: el ojo pierde su poder de ajuste (presbicia), la percepción de sonidos agudos se debilita (sordera o presbicia acústica). De hecho, el envejecimiento produce, ante todo, una disminución de las capacidades de adaptación del organismo.

Por ejemplo, una neumonía puede ocasionar insuficiencia cardíaca en una persona mayor más fácilmente que en un adulto joven. El envejecimiento también tiene consecuencias sobre la siquis. Entre los 50 y 60 años, una determinada cantidad de cambios importantes ocurren en la vida de las personas: la partida de los hijos y la jubilación a menudo trastornan el ambiente familiar y profesional. Los cambios corporales (arrugas, menopausia, etc.) afectan particularmente a las mujeres.

 

Cómo luchar contra el envejecimiento

Si bien es cierto que envejecer es algo natural, también es legítimo buscar “envejecer bien”. La prevención del envejecimiento debe comenzar lo más temprano posible. Está científicamente demostrado que al descartar ciertos factores de riesgo se retardan los efectos del envejecimiento. Se trata principalmente de protegerse del estrés, de limitar el consumo de alcohol y tabaco, de evitar las exposiciones excesivas al sol.

Es probable, aunque no hay pruebas científicas que lo demuestren, que una alimentación pobre en grasas, azúcares rápidos y rica en proteínas sea beneficiosa para mantener el organismo en forma, al igual que un consumo razonable de oligoelementos y vitaminas.

En todos los casos, tanto para el hombre como para la mujer, es aconsejable practicar en forma regular una actividad física moderada, mantener una actividad intelectual constante y conservar el interés por el mundo exterior (actividades culturales, lectura de periódicos, etc.). Gracias a un seguimiento médico regular es posible detectar a tiempo, y por ende tratar más eficazmente, múltiples enfermedades, así como evitar otras tantas.